Ernest Hemingway era Cranc

El 21 de juliol d’enguany Ernest Hemingway hagués fet anys, concretament 113. L’escriptor i periodista nord-americà que també va morir al mateix mes (el  2 de juliol del 1961), va rebre el 1953 el Premi Pulizer per la seva novel·la “El vell i la mar” i l’any següent, el Premi Nobel de Literatura.

A part de la seva extensa obra, el que més destaca de Hemingway és  la seva atzarosa vida: va ser ferit a Itàlia durant la Primera Guerra Mundial, va lluitar a Espanya al costa de la República i va prendre part del desembarcament de Normandia.

A la primera planta de la biblioteca podeu trobar les següents obres d’aquest autor: “A punta de dia”, “Los Asesinos”, “Cuentos”, “Las Nieves del Kilimanjaro”, “París era una fiesta”, “Por quién doblan las campanas”, “Els Primers quaranta-nou contes” i “El Vell i la mar”.

Us deixem aquí amb el primer paràgraf d’aquesta última obra, que és segurament la seva novel·la més coneguda:

Era un vell que pescava tot sol en un gussi en el Gulf Stream i ja feia vuitanta-quatre dies que no agafava cap peix. Durant els primers quaranta dies l’acompanyava un vailet. Però, després de quaranta dies de tornar de buit, els pares del noi li van dir que el vell estava salao sense remei, que és la pitjor mena de mala astrugància, i el vailet s’embarcà per ordre dels seus pars en un altre gussi on va pescar tres peixassos la primera setmana. El vailet es posava trist en veure tornar cada dia el vell amb el gussi buit i sempre baixava a ajudar-lo a traginar les fluixes enrotllades, o la fitora, l’arpó i la vela plegada entorn del pal. La vela estava apedaçada amb sacs de farina, i recollida així, semblava la bandera de l’eterna derrota.

Llibres i ciutats

Si aquests dies de vacances voleu viatjar ni que sigui amb la imaginació, us proposem un grapat de llibres que porten el nom d’una ciutat al títol:

“Coses que et passen a Barcelona quan tens 30 anys” de Llucia Ramis
“Timbuktú” de Paul Auster
“París era una fiesta” d’Ernest Hemingway
“El viatge a Roma” d’Alberto Moravia
“Diari de Moscou” de Walter Benjamin
“La novela de Madrid” de Philippe Nourry
“Chicago Loop” de Paul Theroux
“La Mort a Venècia” de Thomas Mann
“Los Perros de Riga” de Henning Mankell
“Congreso en Estocolmo” de José Luis Sampedro
“La Historia de la familia Roccamatio de Helsinki” de Yann Martel
“Palinuro de México” de Fernando del Paso
“Tarzán en Acapulco” de Marcos Ordóñez
“Poeta en Nueva York” de Federico García Lorca
“El invierno en Lisboa” d’Antonio Muñoz Molina
“Estiu a Praga” de Zedna Salivarova
“Vol 714 a Sidney” d’Hergé
“Los Pájaros de Bangkok” de Manuel Vázquez Montalbán
“El hombre de Londres” de Georges Simenon
“Noche en Bombay” de Louis Bromfield
“Copenhague no existe” de Raúl Guerra Garrido

 

Recapa(cita): els efluvis del vi

Dos manzanas y una jarrita de vino, 1999 —Xavier Valls—

Dos manzanas y una jarrita de vino, 1999 —Xavier Valls—

Pocs anys abans de morir-se, Margaux Hemingway explicava per enèsima vegada l’origen del seu nom:«Mon pare em va explicar que vaig ser concebuda durant l’eufòria que ell i ma mare van experimentar després de pendre’s una ampolla de Château Margaux. Però ja n’estic fins al capdamunt que se m’associï amb el vi».

Esplendor i glòria de la Internacional Papanates

Quim Monzó

Pàg.41

Consells per a joves escriptors (X): Ricardo Piglia

Ricardo Piglia

Ricardo Piglia

Tesis sobre el cuento
Los dos hilos: Análisis de las dos historias

I

En uno de sus cuadernos de notas, Chejov registró esta anécdota: Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida. La forma clásica del cuento está condensada en el núcleo de ese relato futuro y no escrito.

Contra lo previsible y convencional (jugar-perder-suicidarse), la intriga se plantea como una paradoja. La anécdota tiende a desvincular la historia del juego y la historia del suicidio. Esa escisión es clave para definir el carácter doble de la forma del cuento.

Primera tesis: un cuento siempre cuenta dos historias.

II

El cuento clásico (Poe, Quiroga) narra en primer plano la historia 1 (el relato del juego) y construye en secreto la historia 2 (el relato del suicidio). El arte del cuentista consiste en saber cifrar la historia 2 en los intersticios de la historia 1. Un relato visible esconde un relato secreto, narrado de un modo elíptico y fragmentario.

El efecto de sorpresa se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie.

III

Cada una de las dos historias se cuenta de un modo distinto. Trabajar con dos historias quiere decir trabajar con dos sistemas diferentes de causalidad. Los mismos acontecimientos entran simultáneamente en dos lógicas narrativas antagónicas. Los elementos esenciales del cuento tienen doble función y son usados de manera distinta en cada una de las dos historias. Los puntos de cruce son el fundamento de la construcción.

IV

En La muerte y la brújula, al comienzo del relato, un tendero se decide a publicar un libro. Ese libro está ahí porque es imprescindible en el armado de la historia secreta. ¿Cómo hacer para que un gángster como Red Scharlach esté al tanto de las complejas tradiciones judías y sea capaz de tenderle a Lönnrott una trampa mística y filosófica? El autor, Borges, le consigue ese libro para que se instruya. Al mismo tiempo utiliza la historia 1 para disimular esa función: el libro parece estar ahí por contigüidad con el asesinato de Yarmolinsky y responde a una casualidad irónica. Uno de esos tenderos que han descubierto que cualquier hombre se resigna a comprar cualquier libro publicó una edición popular de la Historia de la secta de Hasidim. Lo que es superfluo en una historia, es básico en la otra. El libro del tendero es un ejemplo (como el volumen de Las mil y una noches en El Sur, como la cicatriz en La forma de la espada) de la materia ambigua que hace funcionar la microscópica máquina narrativa de un cuento.

V

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Consells per a joves escriptors (VIII): Hemingway

Ernest Hemingway

Ernest Hemingway

El Decálogo del Escritor:

1. Permanece enamorado.
2. Esfuérzate en escribir.
3. Mézclate estrechamente con la vida.
4. Frecuenta a escritores consagrados.
5. No pierdas tiempo.
6. Lee sin tregua.
7. Escucha música y mira pintura.
8. No intentes explicarte.
9. Sigue el impulso de tu corazón.
10. Calla: la palabra mata el instinto creador.

Anecdotari (IV): Los años inolvidables de John Dos Passos —Ignacio Martínez de Pisón

Hemingway —a la dreta del tot— i Dos Passos —a l'esquerra del tot—

Hemingway —a la dreta del tot— i Dos Passos —a l'esquerra del tot—

Cuando John Dos Passos publicó Años inolvidables, habían pasado cinco años desde el suicidio de Ernest Hemingway y dos desde la aparición de París era una fiesta, en el que Hemingway le atacaba con una rabia y una fuerza inusitadas. El libro presenta a Dos Passos caracterizado como un “pez piloto” que siempre se deja caer en los sitios justo antes que sus amigos ricos. Y sobre ese pez piloto dice Hemingway que “no hay modo de pescarle a él, y sólo a los que confían en él se les apresa y se les mata”, y también que es un hombre al que, dominado como está por el amor al dinero, “cada dólar que gana le desplaza un poco más a la derecha”. El retrato que Hemingway ofrece de Dos Passos en París era una fiesta está desde el principio hasta el final inspirado por la amargura y el rencor, y el hecho de que no apareciera publicado hasta después de la muerte de su autor no hizo sino alimentar el resentimiento y el dolor de su antiguo amigo. Para Dos Passos, que en el fondo siempre echó de menos la vieja camaradería que les había unido en su juventud, debió de ser como si el fantasma de Hemingway hubiera escapado de su tumba decidido a impedir cualquier posibilidad de reconciliación póstuma.

Años inolvidables es, en cierta medida, el relato de la amistad entre Dos Passos y Hemingway, y en él se rememoran el primer encuentro de ambos en la Italia de 1918, el fortalecimiento de su relación en el París de los años veinte, sus andanzas por distintos lugares de Europa, las temporadas de retiro en Key West, el accidente automovilístico que provocó el internamiento de Hemingway en un hospital… No parece que hubiera entre ellos graves fricciones antes del verano de 1933, en el que coincidieron en Madrid y del que Dos Passos evoca con nostalgia los almuerzos en Casa Botín: “Fue durante aquellas comidas cuando Hem y yo discutimos por última vez sobre España sin enfadarnos”. Lo que el autor se niega a abordar es precisamente lo que ocurrió después, la ruptura de esa amistad, y el crítico Edmund Wilson se lo reprocharía de forma amistosa en una carta de noviembre de 1966: “¿Por qué no has hablado de tus experiencias durante la guerra civil española y de las razones del distanciamiento entre Hemingway y tú?”

La respuesta a esa pregunta hay que buscarla en el mismo título del libro, que es toda una declaración de intenciones. Dos Passos se había propuesto hablar de sus años inolvidables, de esos “tiempos mejores” a los que directamente se alude en el título de la edición original (The Best Times), y en su evocación de ese pasado luminoso, jovial y aventurero no podía haber sitio para las calamidades ni las desdichas. Tampoco, por tanto, para el rencor, y mucho menos para el rencor hacia el novelista que durante más de diez años había sido su mejor amigo.

¿En qué momento acabaron para Dos Passos esos tiempos mejores? Sin ninguna duda, durante el viaje que en abril de 1937 hizo a la España republicana. Fue entonces cuando se rompió la armonía que Dos Passos había conseguido establecer con la realidad. El descubrimiento del asesinato de José Robles Pazos, su amigo y traductor, fue el detonante, y con la explosión subsiguiente saltaron por los aires los pilares que sustentaban esa armonía: se acabó el Dos Passos viajero y enamorado de España, se acabó el izquierdista activo y esperanzado, se acabó el amigo de Hemingway… El cambio fue radical, y bien pronto, a mediados de los 40, Dos Passos se parecería muy poco al de la década anterior. Su aislamiento en los ambientes políticos e intelectuales, su regreso a los valores tradicionales norteamericanos, su creciente conservadurismo habían hecho de él una persona diferente, y uno sospecha que, cuando, ya sesentón, decidió recrear por escrito los mejores años de su vida, Dos Passos era tristemente consciente de que había acabado convirtiéndose en una persona que nunca había querido ser.

[…]

[Fragment extret del Cultural: aquí complet!]

Anecdotari (II): Bien hecho

Ernest Hemingway

Ernest Hemingway

—¿Se llama Ernest? —pregunta Mishima—. ¿Como Hemingway? Al parecer fue su madre quien le envió por correo el revólver Smith and Wesson con el que se suicidó, junto con una tarta de chocolate… Su padre ya se había saltado la tapa de los sesos, y su nieta también lo hizo, en el treinta y cinco aniversario del suicidioa del escritor. Hemingway había exigido que le pusieran el nombre de Margaux porque así se llamaba su vino preferido. La chica acabó alcohólica y se quitó de en medio. Divertido, ¿no?

[Extret de La tienda de los suicidas de Jean Teule, Editorial Bruguera, 2008]

Entorn al suicidi de Ernest Hemingway se sol explicar una anècdota referida a un torero, Juan Belmonte, al moment de comunicar-li la noticia.

Li van dir: ‘Maestro, don Ernesto se ha suicidado’. Belmonte només va dir dues paraules: ‘Bien hecho’, i poc després ell va seguir el mateix camí..