Los Olvidados —Xavier Antich—
Hay olvidos que caen sobre una cultura con el peso irrevocable de una infamia
Hace ahora exactamente setenta años. Fueron miles. Y quedaron encerrados en un paréntesis siniestro de silencio y olvido. Salieron de una guerra, vencidos, despojados de todo, huyendo hacia no se sabía muy bien dónde. Inauguraron los primeros campos de concentración de la edad contemporánea, que Francia, tozuda, todavía califica de campos de “refugiados”. Y esperaron allí, mientras iba creciendo el olvido, ignorados por todos y molestos para todos. En España empezaba otra cosa de la que, expulsados, no iban a formar parte durante décadas. Y en Europa, donde hasta hace muy poco habían sido héroes, eran ya la rémora de un experimento que, ante las urgencias provocadas por la Alemania de Hitler, pertenecía ya entonces al pasado. Era agosto de 1939.
Después de pasar por las playas de Argelers, el fotógrafo más brillante de su generación, Agustí Centelles, había sido recluido en el campo de concentración de Bram. En enero, cuando huyó de Barcelona hacia la frontera, en medio de un río humano, fue incapaz de hacer una sola fotografía; él, que había ofrecido las primeras imágenes de su ciudad en guerra: “Mi espíritu de periodista ha desaparecido, y no me veo con fuerza de bajar del camión para hacer fotos, ni desde arriba”. Pero ahora en agosto, en Bram, no para de hacerlas. A pesar del calor inaguantable, las moscas, la colitis. Y, mientras tanto, empiezan a llegar noticias: gran tensión en Europa y rumores de guerra inminente. Pronto, Alemania ocupará Polonia. Y todo vuelve a empezar. Lo cuenta en su dietario inédito, acabado de publicar setenta años después, en el catalán original y en traducción castellana (Diari d´un fotògraf, Destino; Diario de un fotógrafo, Península).
De la experiencia en Argelers y Agde, se reeditó hace muy poco una de las obras esenciales de la literatura catalana contemporánea, Crist de 200.000 braços, de Agustí Bartra (Lleonard Muntaner Editor). Un texto, en gran medida, despreciado en su momento por excesivamente “literario”, pero que, con los años, se ha convertido en radicalmente insustituible. Si una de las grandes preguntas estéticas de nuestro tiempo es cómo puede hacerse arte, música, poesía o literatura en general con la experiencia del horror más extremo, la novela de Bartra ofrece una respuesta de una altura ética incomparable, o casi, entre los ejemplos de nuestras letras.
Con la ambición de las grandes obras y con el aliento ético de la responsabilidad por lo que habla y en nombre de los que habla, Bartra merece alinearse al lado de la más exigente literatura concentracionaria de nuestro tiempo. O de la literatura de nuestro tiempo, sin más. Hay olvidos que caen sobre una cultura con el peso irrevocable de una infamia. El libro de Bartra estaba fuera de circuito, agotado hace años. Ahora vuelve a estar ahí. “No hi havia demà. El futur no existia”, escribe. A nosotros corresponde evitar su último olvido, el peor.
[Article extret de La Vanguardia del dia 12 d'Agost]


…una matinera i calurosa salutació als companys/es de Les corts des de Vic, el matí es presenta tapat però sense boira….avui tenim una conferència sobre Darwin, ja sabeu l’inventor de l’anís del mono…ara llegiré l’article, però això dels camps d’Argelers,…té el seu intringulis….perquè els mateixos que van tenir confinats van ser els primers en entrar a Paris després de la llibreació….això ,bon dia.
Sembla que diguis les notícies per la ràdio, Robert, des de radio Vic. Però explica això e la última oració, que no t’entenc… Eren carnassa, vols dir?
Home veí, està més que documentat que bona part de la divisió Leclerc estava formada per anarquistes i antics membres de l’exercit popular de la república…i alguns d’ells habien estat una temporada a Argelers, el que pasa és que no em debia explicar bé….
És una mica com el protagonista de Soldados de Salamina, no?