Vida más allá de Larsson —Xavier Antich—
XAVIER ANTICH
La hay. Esté usted seguro. Aunque no lo parezca. Si nos ponemos en plan sociólogos de café, basta una ojeada por una playa cualquiera o por alguna estación de tren o aeropuerto para inferir que todo quisque está enganchado a la trilogía Millennium de Stieg Larsson. Ya saben, ese de aquellos personajes tan curiosos, como hombres que no amaban a las mujeres, una chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina o una reina en el extraño palacio de las corrientes de aire. Con todo, hay muchos que no se han enterado. Y muchos otros, como escribía aquí el amigo Francesc-Marc Álvaro, que se resisten, y con razón, a esas lecturas que parece que deban acometerse por obligación social y para tener de qué hablar en las terrazas nocturnas del verano. La cuestión es que, aunque no lo parezca, hay vida más allá de Larsson.
Es más: este fenómeno sueco tendrá entre sus méritos, que un servidor se cuidará de discutir, el de haber despistado, por un año, sobre los requisitos básicos de toda lectura veraniega. Y es que las lecturas veraniegas constituyen todo un género. Sobre todo, por sus lectores: esos que aprovechan el verano para leer su libro del año, amparados por el tiempo libre, los horarios relajados y los calores intempestivos. Para ellos existe el género: libros voluminosos, argumentos con buenas dosis de intriga y suspense, que parezcan hablar de más cosas de las que realmente hablan, corrección política y una ración, no demasiado excesiva, de sorpresa. Y, sobre todo, pasado, mucho pasado.
Porque la verdad es que, en los últimos años, el género ha sido copado, de forma prácticamente exclusiva, por novelones con el pasado como escenario. Pasado cercano, como la Barcelona de posguerra en La sombra del viento de Ruiz Zafón (que, con El juego del ángel, se fue todavía más hacia atrás), o pasado remoto, como la Barcelona medieval en La catedral del mar de Ildefonso Falcones o la Andalucía del XVI en la más reciente La mano de Fátima. No hace falta añadir más libros a la lista. Pues en todos ellos el pasado comparece como la época de los romanos en cualquier péplum de Hollywood, tipo Hércules, Ben-Hur, Cleopatra o Los diez mandamientos.O sea, un pasado que tiene tan poco que ver con el pasado como los spaghetti westerns con la realidad del Oeste americano: mera tramoya.
Y, sin embargo, el éxito popular de estas novelas es tal que, en muchos casos, acaban imponiéndose al presente con la eficacia de su cartón piedra. Por formularlo como anécdota: los que viven en el Barri Gòtic de Barcelona ya tienen sus indicaciones a punto, con una cierta sorna, para todos los que, pretendiendo ir a ver esa maravilla absoluta de Santa Maria del Mar, preguntan por “la Catedral del Mar”, como si su nombre fuera realmente ese o, lo que todavía es peor, como si la joya del gótico catalán existiera a partir de la novela de Falcones y tuvieran que verla para comprobar que aquello sobre lo que este escribió está allí, en la Ribera, piedra sobre piedra. O por decirlo en categoría: el peso de la ficción narrativa acaba por moldear el presente con la textura y las formas de un pasado que no existió.
El fenómeno es realmente interesante y digno de consideración, pues parece que algo tiene que ver la literatura de evasión y entretenimiento, si es que “literatura” puede llamarse, con abandonar el presente y sus complejidades para instalarse, durante las horas de lectura, en un pasado descafeinado y a poder ser de brocha gorda en el que todos los conflictos queden reducidos a unos pocos personajes y a sus más o menos interesantes cuitas. Algo tiene que ver, en definitiva, con mostrar al pasado como un sucedáneo del presente, para consumo rápido o para viajar a él con low cost. Hay otra forma de irse a pasado, es cierto, que tiene poco que ver con esta, pero Salambó de Flaubert o Guerra y paz de Tolstoi, por citar dos ejemplos señeros, nunca figurarán, aunque lo merezcan de sobras, entre los éxitos de temporada.
Porque el problema es que el pasado ya es de por sí, como formuló David Lowenthal con una expresión muy acertada, un país extraño. Y es extraño porque nos es lejano, porque no es nuestro tiempo, porque estamos separados de él por un abismo y porque, en consecuencia, nuestro acceso a él sólo puede ser costoso y esforzado. Y, por eso, viajar a él, de modo que no nos enreden con la ilusión de proximidad, será siempre gratificante y enriquecedor. No es seguro de que así nos entretengamos, si entretenerse es pasar, sea como sea, el tiempo, aunque así lo perdamos. Pero no cabe duda de que de este modo podemos volver al presente sin pensar que podemos simplificarlo como en una mala novela.
Tal vez, por otra parte, tengamos que empezar a pensar si tanta obsesión por la mal llamada “memoria histórica” no esconde, en cierto sentido, la voluntad de convertir al pasado en una ficción apta para el entretenimiento o en una novela a la medida de nuestros deseos y expectativas. La verdad es que los indicios no son para sentirse demasiado optimista.


És veritat. Jo fa quasi tres setmanes que trepitjo platges i en puc donar fe. Ahir, sense anar més lluny, la meva tovallola estava encerclada per cinc Larssons!!!Es dedicaven miradetes de complicitat, amb aquella pau que proporciona saber-se membre del ramat.Com que jo també crec que hi ha vida més enllà d’aquesta trilogia vaig a la platja amb Montaigne. I llegeixo Larsson en la intimitat. Sóc una snob.
És que, a més a més, amb tot el seu pes no deu acabar de ser gaire cómode arrossegar la sèrie Millenium per les sorres del país. Clar que els assaigs de Montaigne tampoc són un pes pluma que diguem. Ai, quina enveja de platges, de brisa i de…
Per cert, jo no puc llegir a la platja, m’enlluerno els ulls, ni tan sols amb ulleres de sol. Com ho féu? Sota un parasol?
Jo tampoc no he llegit mai a la platja, Veí. Ni Larsson, ni Montaigne, ni res de res. En el meu cas, és més una qüestió de posició. Jo sóc de llegir en postura de quatre, digueu-me tradicional…
Jo de quatre no aguanto gaire estona, més aviat faig postura de m.
M majúscula o m minúscula?
Mínuscula, seguit de tres punts i molta caló! Amb la majúscula em peten les vertebres!
Massa Kamasutra, amics meus. Jo a la platja llegeixo sota umbrel·la i assegudeta en una cadira d’aquestes baixetes, plegable i reclinable. A principis d’estiu vaig trobar a la xarxa una tumbona impossible: http://www.nopuedocreer.com/quelohayaninventado/10373/hamaca-para-leer-y-tomar-el-sol/. Perlamordedéu, que diria en Mitchum.
Esperem que estiguin d’oferta… Deu marejar i tot!