Patricia Muñiz El anciano estaba apoyado en una esquina, bajo un reloj de pared que siempre marcaba la hora justa. Nunca adelantaba o retrasaba, por eso yo lo utilizaba para poner en hora el mío, que iba un tanto a la suya. -¿Me das un cigarro?- me preguntó frunciendo el ceño. -Pues claro [...]
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