Magda Revetllat

 

No era la primera vez que iba a aquella tienda, abrían temprano y cerraban tarde y más de una vez me había sacado de un apuro. Entré aquel día sin prisa, para escoger una toalla de baño, lo suficientemente ostentosa para que, cuando viniese mi madre de visita-inspección, no tuviera que decirme de nuevo que la toalla de la ducha ya transparentaba. Siempre me había recordado que los hombres solos no saben subsistir al día a día. 

Para demostrarle que no era verdad escogí un par de toallas de la tienda, y una tercera de playa, con el dibujo de unas palmeras y arena y tal vez, por aquel paradisíaco dibujo, fue por lo que me fijé en el calendario que había en una de las estanterías cargadas de objetos, era un calendario de aquellos con fotografías bonitas de varias partes del mundo.

Comprobé que fuera del año en curso y me dirigí a la caja, la dueña cogió las toallas que metió en una bolsa de plástico y havciendo lo mismo con el calendario me dijo:

- Es un calenda¡io de viaje, pala il donde tu quielas il. 

Yo no supe como interpretar aquellas palabras y le pregunté si era de alguna agencia de viajes y ella me dijo que no, que ela un calendalio de viaje. 

Entonces le pregunté si aportaba información sobre los lugares que mostraba y me contestó:

- No, es un calendalio de viaje, tú milas foto y tú vas. 

- Osea que miro las fotos y me gusta un sitio y decido ir…

- ¡No, tú milas foto y tu vas!

- ¿Hay una dirección en cada foto para consultar por Internet? 

- ¡NO!  ¡Tú milas foto, tú vas!

- Miro la foto y me gusta tanto que decido ir allí?

- ¡NO! TÚ MILAS FOTO, TÚ CIELAS OJOS, TÚ VAS!!

Salí de la tienda con las toallas y el calendario y no volví a pensar más en todo aquello, de hecho a punto estuve de dejar el calendario en el mostrador pero tal y como había ido la conversación  pensé que lo mejor era pagar y marchar cuanto antes de allí. Al llegar a casa fuí a darme una ducha y al salir estrené la toalla de playa,  y envuelto con las palmeras, con un vaso de naranjada en la mano, me senté en el sofá y empecé a hojear el calendario. 

Al cabo de un rato, por el cansancio acumulado del día y por el efecto tonificante de la ducha, se me empezaron a cerrar los ojos, unos segundos, y empecé a oir sonidos de olas y, al abrir los ojos pensé que soñaba pues me encontraba en una playa. Aun con el vaso de naranjada en la mano, di unos pasos cogiendo la toalla con la otra mano, no para que no se me cayera, sino para tener la sensación de estar cogido a algo. La playa me rodeaba, vegetación detrás de mi, el mar delante, arena y más arena, coloridos pájaros que revoloteaban profiriendo estrepitosos ruidos… Seguía pensando que soñaba y me dediqué a disfrutar del momento hasta que, pasados unos minutos, todo se desdibujó y me encontraba otra vez en el sofá de casa. 

Desde aquel día he viajado muchas veces. El calendario es efectivamente de viaje, miras la fotografía y quedas transportado, durante aproximadamente una hora, al lugar. He visto playas doradas y montañas heladas, poblados maravillosos y parajes desérticos y ahora preparo un viaje muy especial, o espacial se podría decir, para lo que he contratado una empresa que me está preparando un traje de astronauta. Me han preguntado si he comprado un billete para hacer turismo espacial y les he dicho que de momento no, que por ahora sólo quiero el traje y ya sé que se ríen un poco pero pronto me lo entregarán y es que la última fotografía del calendario es de un cráter de la Luna, con una pequeña, azulada y distante Tierra en el horizonte. 

Me gustaría ver la cara que pondrán los de la NASA cuando vean una bandera del Barça al lado de sus barras y estrellas. 

® Magda Revetllat

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