Magda Revetllat

 

El buen tiempo me había succionado de casa como un refresco sorbido con una cañita y allí estaba yo, deambulando sin saber demasiado el propósito del paseo y entonces aquel chico me paró. Era un estudiante, de éso no había duda, carpeta en la mano, mochila a la espalda, me paró como ya lo habían hecho otras veces para preguntarme mi opinión sobre la actual situación, sobre mi orden de prioridades en cuanto a lo que me preocupaba, sobre qué votaría en las próximas elecciones y todas esas preguntas venían de chicas encantadoras, algúna agradable mujer mayor, algún hombre de mediana edad, algunosss kon asento extrrranjerrro y así una gran variedad de preguntadores y de preguntas. En esta ocasión el joven me preguntó:

– ¿Usted es de aquí?

Tan corta pregunta me llevó en décimas de segundo a mi pueblo natal y un sinfín de cosas llegaron a mi mente. Como le pasara a aquél que al mojar una magdalena y probarla recordara lo que sería el relato de varias novelas a mi me llegaron los olores de la hierba mojada y de la paja recién cortada, el descanso a la sombra después del trabajo de campo a pleno sol, la admiración la primera vez que vi nacer una ternera, el sentirme ladrón cuando, metiendo la mano entre las patas de la gallina en el ponedero, sacaba un huevo caliente que ponía en la cesta con mucho cuidado y le llevaba a mi madre cada mañana, el cobijo del fuego entrando en casa en los días de frío y la piedra fría al lado de la fuente en los días de calor, las partículas de polvo que recorrían  arriba y abajo los haces de luz que entraban en el establo, los días de misa y, al salir, la carrera hasta la tienda de dulces, …

El chico me miraba atónito pues en voz alta había recordado todo aquello con su simple pregunta y después de mi perorata le dije:

– Pues no joven, como ya habrá imaginado no soy de aquí pero llevo bastantes años en esta ciudad… ¿Quiere saber mi opinión sobre algún tema de actualidad? ¿Política, economía, sociedad…?

– Eeeeeh, no… verá, quería saber si sabe usted donde está la calle Francesc Layret. 

Nos quedamos mirando unos pocos segundos, él azorado y yo sonriendo hacia fuera y riéndome de mí mismo hacia dentro, le dije que la calle que buscaba  era la primera a la derecha y dándome las gracias se fue.

Continué mi paseo y llegué a un parque donde se sentaban personas de mi edad y con las que a veces había intercambiado algunas palabras. Me senté con ellos y les pregunté:

– ¿Ustedes son de aquí?

 

 

 

2 comentaris on ¿Usted es de aquí?

  1. Josep M. escrigué:

    També els podries preguntar:”Està bé avui el cel per a tu?”
    Us recordeu de “L’Antrpòleg innocent” ?
    Molt bé Magda. No pares, eh!

  2. Magda escrigué:

    Gràcies Josep M.!!

    De fet el que traduim per “hola” a molts llocs te diferents connotacions com la que cites que es descriu en el llibre “L’antropòleg innocent”, des del salaam (àrab), al shalom (hebreu), al namastés (India, Bangla-Desh), “Privit” (rus) i un llarg etc, volen dir “hola” però no exactament com el noi del relat i tantes persones que volen dir una cosa i en realitat diuen una altra.

    Moltes gràcies, el cel també és blau per a mi!! 😉

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